Cuando nos dedicamos a controlar la comida, tanto en cantidad como en calidad, podemos sufrir ante cualquier evento que conlleve almorzar, cenar o comer, en general, fuera de casa -ya aclararemos en otro punto que esto no tiene porqué ser así, y que comer fuera de casa no tiene que significar dejar de comer sano-. Pero este sufrimiento crece exponencialmente cuando estamos ante fechas especiales.
Llegados a este punto vamos a hablar sobre la Navidad, que por cercanía es lo más recurrente, y el hecho de comer con la familia aquéllo que nos pongan.
Cuando nos sentamos ante una mesa repleta de platos que normalmente no comemos podría ocurrirnos dos cosas: salivar en exceso ante los suculentos alimentos o frustrarnos y bloquearnos pensando únicamente en las calorías, los carbohidratos o la sal que contienen.
La Navidad es una fecha para disfrutar de todo -el ambiente, nuestros seres queridos, el tiempo libre...- y de todos, entonces, ¿por qué amargarnos?
Hace poco escuchaba en televisión que precisamente dado el cuidado que tenemos con la comida durante todo el año podíamos caer en ciertos caprichos y excesos en Nochebuena, Nochevieja o fiestas navideñas en general. Es decir, que luchamos por estar sanos 360 días al año para poder ser menos saludables los 5 restantes.
Ciertamente veo un punto de lógica en esa afirmación, aunque le haría un matiz: no es necesario caer en los excesos, y he aquí el quid de la cuestión del artículo.
En una noche de éstas podemos comer lo que queramos, no lo pasemos mal por no hacerlo, pero siempre con moderación, y esa es para mí la clave junto a los siguientes consejos:
-En lugar de comer de una fuente, como todos, apártate un poco en un plato para ti.
-Come, de entre todos los alimentos que haya, más cantidad de los saludables.
-Bebe un vaso o dos de agua antes de la comida o cena. Éste es un consejo que seguiría todos los días del año, ya que el agua te ayudará a saciarte antes y tendrás menos necesidad de comer más.
-Evita la mayor cantidad posible de alcohol. Únicamente te aportará calorías vacías sin valor nutritivo alguno. Eso sí, por brindar con una copa de champán no te pasará nada.
Después, a modo personal, puedes compensar ese exceso alimenticio con una dosis extra de deporte. Pero no hagas más deporte para comer más, esa mentalidad no nos ayudará.
Y si se quiere, y se puede, al día siguiente se podría hacer una dieta depurativa a base de piña y verdura.
Pero sobre todo, y lo más importante, disfruta de la comida en cuanto a acto social, de una buena charla y de ese capricho. Haciendo esto conseguirás disfrutar de los alimentos que hacía tiempo que no tomabas.

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